26.1.10

“Mi familia está llena de artistas. Por eso huí a la calle”

'Entes & Pésimo’ es uno de los colectivos de graffiteros más reconocidos del Perú. Pioneros del llamado 'arte urbano’, han pasado de la calle a las galerías. Hoy intervendrán el espacio cultural La Despensa (véalos en www.livestream.com/ladespensa). Aquí, Pésimo nos pinta en palabras su vida.

"Mi familia está llena de artistas. Yo quería ser la otra versión de mis hermanos o de mi papá. Por eso, me escapé a la calle". Así de contundente es Pésimo, un artista del graffiti que, con solo 26 años, es todo un pionero de este arte en Lima. Hoy, desde las 10 a.m., uno podrá verlo en acción gracias a la intervención que realizará, junto con su compinche 'Entes’, en el espacio cultural La Despensa. Vea la intervención en vivo en www.ladespensaproyectoscreativos.com


¿Como empezó?

A los 14 años, aun en el colegio, pintando en la calle, siempre escondido, sin permiso, de ilegal y solo de noche.



Pasó por Bellas Artes, ¿qué le decían sus compañeros?

Muchos decían “qué chévere el graffiti, pero esa huevada no es arte”. Ahora me cago de risa cuando alumnos de las escuelas de arte se van a las calles y quieren ser 'artistas urbanos’. Lo mío fue totalmente inconciente: veo una pared y me imagino un lienzo. Yo no quería ser cool ni ser artista urbano, yo solo estaba en la calle y el graffiti fue una consecuencia de estar allí. Pero, poco a poco, fue primando más lo estético, lo emocional, lo personal. El graffiti te permite esta contradicción: ser auténtico pero sin engancharte mucho a tu obra, porque esta es efímera: está en la calle y al siguiente día puede desaparecer. Esto originó en mí una constancia, una disciplina –producir y producir– que no me dio otro tipo de arte.



¿Cuál es su barrio?

Santa Catalina. Mi vida allí fue tranquila, pero con momentos jodidos, yo estaba metido en la barra de la U. Era un chibolo; tenía 15 años. El graffiti me hizo despegar y ver la realidad de otros barrios. Me empecé a mover en el Callao, Breña, Chorrillos, Villa María, y tenía la oportunidad de compartir con toda esta gente. Pasé mucho tiempo dando muchas vueltas y pintando por lugares como los Barracones. Uno come su cebiche allí y aprende su lenguaje barrial, una experiencia de puta madre, pues me acercó a la gente de forma natural y con respeto, siendo reconocido como uno de ellos, no como alguien ajeno.



¿Cómo nació Pésimo?

Acababa de salir del colegio y me estaba preparando para entrar a San Marcos, pues no tenía la plata para ir a la Católica. En la academia, en un salón para 150 personas donde yo me sentaba al último, me pasaba el día haciendo dibujos y poniendo nombres en mi cuaderno y, así, un día salió Pésimo. Quizá influyó mi inconsciente, pero me gustó el sonido de la palabra. No soy pesimista, es pura fonética.



¿Cómo es su graffiti?

Es personal antes que social… soy un poco egoísta, trato de satisfacerme primero. Busco que me impacte, que me llene, pues así me siento más libre. Todos los que hacemos graffiti debemos estar alertas con lo que pasa a nuestro alrededor. No podemos ser el clásico huevón que va de su casa al trabajo; uno tiene que estar en la calle.



¿Y hacia dónde tiende?

Creo que hacia la angustia, no sé por qué. Quizá mi nombre, Pésimo, tiene algo de eso. Ahora, es una angustia, pero con orgullo.



El graffiti se ha institucionalizado en otros lados…

En Europa y EE.UU. hay graffiteros de más de 50 años –yo tengo 26– que se han vuelto artistas reconocidos, y han entrado a espacios como el MOMA, la Tate Gallery, y son más caros que los artistas 'formales’.



¿Sigue pintando en las calles?

Sí, pero ya no pinto tanto de noche. Pero siempre me quedan las ganas de lo prohibido. Ahora me trabo porque tengo otras responsabilidades, tengo que trabajar para pagar las cuentas, para comer; debo preocuparme en producir mis obras y venderlas. Además, soy diseñador de ropa. Estas responsabilidades quitan tiempo, ya no soy el chiquillo que paraba en la calle, hueveando, sin hacer nada.



¿Se ha aburguesado?

Eso va a ser difícil. De alguna manera, uno tiene que ingresar al sistema, y es mejor si se hace de la manera más alegre posible. Por lo menos, me estoy dedicando y viviendo de lo que me gusta, y debo dar gracias por ello. Mientras uno conserve la esencia del lugar donde empezó y no olvide lo que allí vivió, siempre vamos a tener esa carga positiva. El siguiente paso en mi carrera es ganar reconocimiento y total libertad para vivir de lo mío y hacer lo que yo quiera.

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